Sentada frente a un pequeño arbol casi sin hojas, un tibio Sol me acaricia, miro distraidamente al simple y sencillo aleteo de un colibri, "que ironia" pense, un vuelo basta para fluir, para vivir.
Sin saber nada, tal y como se siente inconciente del presente, del entorno, sin caer en el dilema del tiempo, ni del ego del mundo.
Entonces sigo su vuelo austero, sin fingir su velo de grandeza, su potestad sobre su vuelo, demostrando que el presente es lo unico valioso que tenemos.
En ese instante me di cuenta que en la vida hay que saber diferenciar lo que nos hace unicos de lo que nos hace comunes, que querer no es igual que amar, que solo nos acompaña el aliento de nuestra alma, y que las personas suelen fingir.
Sigo mirando al colibri , su danza es como una ironia de un dia sin alegrias, solo Sol y una apesadumbrada tarde.
El colibri es como mi complice descubierto en esta tarde de otoño, en mi mente emigran pensamientos extraviados, debo dejar de soñar, debo dominar mi mente como el colibri domina su vuelo como un diamante por pulir, como un potro por domar, el mundo entero puede caer, mas yo mantendre mi dominio propio, como el colibri su incesante vuelo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario