Lo miro a lo lejos, su andar cansino, su mirada inmersa en un universo de dulces poemas, pasa a mi lado, justo cuando el tiempo no le permite verme.
Me paro paro frente a él, quiero hablarle, no me oye, un muro de silencios nos separa, siempre llego a destiempo.
Mi pensamiento vuela hacia atrás, imagino el papel escrito , sobre el una taza de café fría, el pecado trasciende los muros de la casa, la pasión explota en protesta con el tiempo.
Que ironía de la vida, coincidir en todo, en el tiempo equivocado, muchos pasos nos separan, aunque me apresure apresure no puedo alcanzarlo.
En ese atardecer, entre poemas escritos, contando historias aún no vividas, otras desconocidas para mí, entre murmullos secretos, palabras en vuelo de audacia, dejan caer la tinta del olvido, siempre en el tiempo equivocado.
Sigo mirando su imagen, suave, tibia, segura, tierna, camina entre follages vencidos por el frío del invierno, se aleja, se pierde en la niebla, ya no lo veo, se a ido, he llegado en el tiempo equivocado.

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